Muchos, demasiados, fuimos arropados en la cuna con una plegaria hasta quedar dormidos. Vimos las aves pasar desde un castillo de piedra y fuimos superando la adolescencia lejísimo, contra la pared. Siempre con la exacta luz de la manzana.
Estuvo, está y estará en demasiados momentos. En las pequeñeces de cada sucia estrella , en los ojos y el pan. Siempre hay un Flaco a mano para acompañar cuando hace falta, cuando se quiere.
Fue, es y será muy importante, más que los cheques que se caen de esos dedos de mimbre que no dan sombra.
Es historia. Es la historia y miles de historias. Es un pedazo de la vida que transita un verde bosque hacia la eternidad. Donde está él desde siempre. Por siempre. Gracias Flaco.